
Aquí estoy presentando a Rodolfo Terragno en una conferencia que dictó en San Martín.
El año pasado, mientras leía los diarios con el mismo sabor amargo de los últimos tiempos, tomó la decisión de trabajar en un plan estratégico para la Argentina. Estudiaba además los informes que recibe todas las semanas del Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Unesco. Rodolfo Terragno dice que su "mentalidad matemática" lo llevó a pensar cuánto y cómo llevar al país al desarrollo. "Es frustrante la incapacidad de pensamiento estratégico que tenemos en la Argentina", decía en la intimidad de su casa.
Tres meses después, tenía listo el "Plan 10/16" con detalladas propuestas. Ese proyecto es el motor del acuerdo que impulsa Terragno y tiene el aval de varios políticos y un socio-militante: Eduardo Duhalde.
El borrador de los "consensos básicos para el desarrollo" está listo. Duhalde lo aprobó. Terragno ya lo conversó con Julio Cobos, Mauricio Macri, Gabriela Michetti, Ernesto Sanz, Oscar Aguad, Rubén Giustiniani y Margarita Stolbizer, entre otros. "Todos dijeron que están dispuestos a firmarlo", confesó el radical en la tarde soleada del miércoles. Tomaba capuchino en un bar de Las Cañitas, enfrente de su casa.
El martes estará con Duhalde en Nueva York en el Council of Americas donde expondrán el plan que fija criterios comunes a largo plazo. Daniel Filmus también es expositor; Terragno aprovechará para hablar con él.
Al ex senador radical le falta hablar con Hermes Binner, Elisa Carrió, Felipe Solá, Francisco de Narváez, Carlos Reutemann y Pino Solanas.
A Binner le adelantó algo en una cena donde compartieron mariscos en Mar del Plata; se habló del lugar donde podría firmarse el acuerdo. Con De Narváez tuvo ya un contacto telefónico. Breve. Terragno tiene fobia a los teléfonos. Sólo su familia conoce su número de celular. Prefiere los mails; en su casa atiende un contestador.
Con Pino Solanas quedaron en verse y se regalaron los últimos libros que escribieron. "A Pino le tengo que explicar que esto no es un pacto de Olivos II", dijo Terragno. Ese fantasma siempre aparece.
La figura más difícil es Carrió: no quiere saber nada en lo que esté involucrado Duhalde.
"Con Carrió tengo un amor no correspondido", suele decir Terragno. Es una relación con altibajos. Desayunó hace poco con ella para contarle su plan. Ese día almorzó con Cobos y a Carrió eso no le cayó bien.
En las buenas épocas, cuando compartían la Cámara de Diputados y "Lilita" decía que estaba amenazada, Terragno la buscaba por su departamento para ir al Congreso. Ahora insistirá con acercarse a Carrió.
Terragno quiere acelerar los tiempos para que el acuerdo se firme en marzo.
Cobos también promueve un consenso básico. Se ve seguido con Terragno y le pidió especial cuidado en cómo maneja el tema.
Los puntos ya acordados son un compromiso de que el Poder Ejecutivo y el Congreso promuevan el diálogo; un estatuto de la inversión para respetar las reglas de juego y que no sean alteradas por actos administrativos o leyes retroactivas. El tercer punto es compromiso de acordar políticas públicas para empleo, educación, desarrollo productivo, erradicación de la pobreza, y lucha contra la corrupción. En el capítulo de la inversión Duhalde sugirió un agregado: que la garantía no alcance a contratos originados en actos de corrupción o violación de leyes.
En secreto ya se analiza dónde se firmaría el acuerdo. Para Terragno debe ser un acto solemne y el lugar elegido es clave: debe tener un valor simbólico y una vinculación histórica. Podría ser en la casa donde se firmó el Acuerdo de San Nicolás o en la Casa de Tucumán. El problema es los lugares históricos dependen de la Secretaría de Cultura de la Nación o de gobiernos provinciales. Y no hay garantía de que les den permiso.
Para Terragno el consenso no sirve si se lo ve como un acuerdo opositor. Por eso Cristina Kirchner también tiene su CD con el plan de Terragno. El radical le había pedido a Oscar Parrilli una audiencia. "La Presidenta designó a Randazzo para que lo reciba", le dijo Parrilli. Se reunió con Randazzo. Todo muy amable. Nunca tuvo más noticias.
El primer llamado que recibió cuando hizo la presentación pública de su plan fue de Duhalde. "Rodolfo, tomemos un café", le dijo. Se reunieron en las oficinas del Movimiento Productivo Argentino en la Avenida de Mayo. Terragno fue con su notebook y le mostró todo. El ex presidente lo elogió y le hizo una objeción: "No hay que ir al detalle porque si no se achica el nivel de consenso".
Después de Cobos y Sanz, Duhalde es el político con el que más veces se vio Terragno para activar el acuerdo.
Hasta almorzó con los Duhalde en la quinta que tiene el matrimonio. El ex presidente le dice al radical en privado: "Nunca más el pegoteo. Ustedes por un lado y los peronistas por otro". En público lo sostiene.
"La gente piensa que ustedes no saben gobernar y que nosotros no dejamos gobernar si no estamos en el poder. Tenemos que dejar claro que los dos partidos sabemos y los dos dejamos. Sin eso, no habrá democracia", dijo Duhalde en una charla privada que a Terragno le quedó grabada.
Durante el último año el dirigente radical estuvo encerrado en su casa. Su esposa, una abogada que trabaja hace años en la Auditoría General de la Nación, empezó a preocuparse. Terragno pasaba horas entre papeles. Escribía. Publicó el libro Diario íntimo de San Martín. Habían sido casi 28 años de investigación. "Mi mujer habrá pensado que mi investigación de San Martín eran las bochas del abuelo. Pero el libro salió", dice con una cariñosa ironía.
Escribir ese libro influyó mucho en Terragno. No piensa volver a la política pero se puso a pensar en un plan estratégico. "Si San Martín hacía una encuesta seguro no cruzaba la Cordillera de los Andes", dijo como ejemplo de la visión que tenían los héroes de la Patria.
No es la primera vez que este político radical, que se dedicó años al periodismo, piensa a futuro. Vivía en Inglaterra cuando escribió en 1985 La Argentina siglo 21. El entonces presidente Raúl Alfonsín había dicho en una entrevista que era su libro de cabecera. Cuando Alfonsín hizo una visita a Francia, un colega le sugirió a Terragno que fuera a París. Se reunieron en el hotel Meurice. "¿Cuándo piensa volver?", le dijo Alfonsín. Terragno fue luego ministro de Obras Públicas.
Regresó a la función pública con Fernando de la Rúa. Había sido diputado y perdido la candidatura presidencial. Fue jefe de Gabinete en el 2000 y se fue porque sugería salir del 1 a 1. "Es buen jurista, pero no leyó un libro de Economía", dijo sobre De la Rúa.
Confiesa en privado que le gustaría ser presidente. "Sé que no me da y no puedo. Pero se puede cambiar y hacer un consenso básico", admite.
El primer párrafo del acuerdo refleja esa idea : "Los abajo firmantes, miembros de distintas fuerzas políticas, sin renunciar a nuestras respectivas filiaciones y con el propósito de asegurar tanto la estabilidad política como el desarrollo económico y social de la Argentina, convenimos en sostener los siguientes puntos, cualesquiera sean las posiciones que nos toque ocupar en el futuro, sea en el gobierno o en la oposición".
Terragno dedica su tiempo a las reuniones y las conferencias que da por su último libro. "He descubierto que San Martín tiene mas afiliados que el radicalismo", dijo sorprendido por la repercusión del libro.
Cuando está en su casa cumple con su rutina. Se levanta a las siete y siempre prepara los desayunos: café, tostadas, jugo y a veces yogurt con miel. Y, como lo encanta cocinar, todas las noches prepara la cena para su esposa, que llega tarde de su trabajo. El miércoles último la esperó con trillas al horno con espinacas a la crema con pimienta y nuez moscada. Un lujo cotidiano.
En estos días pensó en un fantasía política que no descarta: que pasaría si avanza el acuerdo y Kirchner hace una maniobra de judo: autoriza usar la Casa de Tucumán y va la Presidenta a la firma. No tiene respuesta para esa duda.
LA VENTANA INDISCRETA
Por: Paola Juárez
Fuente: ESPECIAL PARA CLARIN