viernes, 3 de septiembre de 2010

A OCHENTA AÑOS: VIVA HIPÓLITO YRIGOYEN!!!!!!


FOTO: CORRELIGIONARIO MERLO


Imaginé ese viaje de un hombre anciano y enfermo, pero invencible. El último esfuerzo supremo por la República, violada el 6 de setiembre de 1930. Pasaron ochenta años. Viva Hipólito Yrigoyen!!!!!


EL VIAJE AGÓNICO

El auténtico Presidente de la Nación, viaja raudamente a La Plata. Hay que resistir... El auto golpea ante cada pozo el cuerpo febril del viejo líder. Su situación de salud es delicadísima. Sus médicos le ordenaron reposo absoluto. Su estado es de una gravedad extrema. Puede morir en el viaje. Pero una pasión lo lleva. El amor por su Patria. El amor por su Bandera. Sobre todo, el amor por esa gente que se cobija bajo la Celeste y Blanca. Un pueblo, convidado de piedra, que pudo votar por primera vez tras la Ley Sáenz Peña de 1912. No debería llamarse la “ley Yrigoyen acaso”??
Estuvo más cerca de la muerte cuando hace poco atentaron con disparos contra su auto?? No lo estuvo acaso en las tres rebeliones armadas en que ejerció el derecho a la “resistencia a la opresión”???
El auto sigue. La fiebre vuela. La respiración es dificultosa. El ahogo, incesante. Su cuerpo desparramado sobre el auto ansía llegar. Es el honor del Hombre elegido por el voto popular. Por la mayoría... Muchos quedarían desamparados si el muere. La “Causa” retrocedería frente al “Régimen” que volvería. Hay que resistir. Primero, desde lo personal. Esa jadeante respiración y el sudor de la fiebre lo transportan en una agonía que lo lleva a imágenes caprichosamente entremezcladas. Ve la barba blanca de su tío, Leandro Alem, el gran cívico luchador por la República. Ve a sus correligionarios sangrando tras los fallidos intentos revolucionarios. Ve al pueblo vitoreándolo y soltando los caballos del carruaje presidencial, para llevarlo a pulso el día de la asunción . Piensa en todo lo que le falta completar. Todos los proyectos emancipatorios derrotados en el Senado de su primera presidencia. Sus leyes laborales, boicoteadas tanto por conservadores como por socialistas, haciendo abuso de la situación de opositores. Se desangra interiormente porque aún no pudo nacionalizar el petróleo, pero sabe que el gran patriota Enrique Mosconi lo defiende con uñas y dientes desde YPF. Se le representan cientos de caras, gente mal vestida, con acentos diversos; jóvenes, ancianos, niños, hombres y mujeres, que lo visitaban y recibía durante horas en la Casa de Gobierno. Le duelen en su interior aquellos tristes episodios de la Semana de Enero de 1919 o lo acontecido en la Patagonia terrateniente y genocida. Recuerda los días bajo el fuerte sol campero, trabajando en su estancia a la par de sus peones y leyendo a Krause, por las noches cuando ellos descansaban. Asaltan su mente las imágenes de miles de personas que de rodillas suplicaron aceptara la candidatura en 1916. Seguramente recorren su memoria los días como joven comisario en Balvanera y estudiante de Derecho, mezclados con las clases en la Escuela Normal... Las figuras siguen desfilando por la mente del “Viejo”, ese nombre querido con el que el porteño llama a su padre, a quien le debe casi todo. Sus manos crispadas y temblorosas aprietan un pañuelo. Pregunta, con una cruel disfonía: Cuánto falta???
Cuando llega, descubre que todo ha sido en vano. La oligarquía ha recuperado por la fuerza, lo que no pudo por la ley. El Ejército Argentino mancha por primera vez su uniforme con un acto antipatriótico. Todo está perdido. Hipólito Yrigoyen firma la renuncia ante el jefe militar de La Plata, no ante quien usurpara el poder popular. Es detenido. Como tantas veces... Su cuerpo siente la estocada. No se rinde, no se entrega. No actúa como quienes debieron defender el gobierno y abrieron las puertas de la Casa Rosada para traicionarlo. Lucha y luchará.
Sigue luchando en los colores de la Enseña Patria, en cada comité Radical donde flota su retrato. Sigue llorando y desangrándose ante cada acto de deshonestidad o renuncia de ideales de quienes dicen ser radicales.
Pasaron ochenta años. La Revolución de Yrigoyen sigue en marcha.
Hugo Turrini

No hay comentarios:

Publicar un comentario